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Pragmagicka

Leo el Tarot desde los 17 años y siempre me ha llamado la atención el mundo esotérico. Soy tarotista profesional desde el 2019 y he pasado por varias etapas y proyectos con esta labor. En este camino creé el término "Esoterismo Pragmático". Es una forma de práctica espiritual que sirve para ayudarnos a tomar decisiones que generen cambios reales en nuestras vidas. Más que predecir el futuro, impulsa a la acción concreta y a desentrañar los enredos mentales que tenemos en momentos claves de nuestras vidas para entendernos mejor a nosotr@s mism@s, a la forma en la que actuamos y cómo nos relacionamos en función de construir ese futuro que tanto deseamos que nos predigan.

En base a esa filosofía creé Pragmagicka, usando el término Magick, que abarca todas las prácticas esotéricas y las diferencia de la magia como espectáculo. Bajo este proyecto ofrezco mis servicios como tarotista junto a cursos online y presenciales.

También, combinando mi lado brujo y mi lado de diseñadora web, estoy desarrollando apps en el ámbito esotérico, como Pragmagick.app para lecturas de tarot, Monedaire para lanzar una moneda y registrar las decisiones que tomamos, y Amigaaah, un oráculo de stickers de WhatsApp. En este momento también estoy aprendiendo astrología y el arte de hacer sigilos, con lo cual también quiero desarrollar apps en el ámbito digital en el futuro.

magick

mira mi historia interactiva con el tarot Pragmagick.app app de lecturas de tarot AMIGAAAAAH oráculo de stickers Pragmagick.app tarot reading app

otros proyectos

podcasts

Hilando con Hilandera2018 – 2020

Podcast dedicado a tener conversaciones con artistas y activistas mujeres y no binares mayoritariamente de Venezuela donde se tocaban temas sobre el contexto venezolano, los modos de crear y las experiencias personales que tuvieron impacto en la creación o el activismo de cada invitade.

anchor.fm/hilandera ↗

Feminimelodías2017

Programa radial transmitido por Humano Derecho donde mostraba música hecha por mujeres y hablaba sobre ellas, hecho desde un enfoque feminista y crítico. (Este programa tuvo más transmisiones pero solo estas pude recuperar.)

soundcloud.com/feminimelodias ↗

streams & videos

producción de 2:22 (de Hacer música es hacer magia), en stream

videos sobre mis procesos creativos

streams de improvisación vocal con loops

streams de gameplays de The Neverhood

lo fi indie music to cry to

escucha en:

estos son algunos de mis instrumentos:

Soy hija de un músico. Mi papá fue, estoy segura, uno de los mejores acordeonistas en Venezuela. En mis memorias de la infancia está impregnado el sonido del acordeón y de la voz de mi papá dando clases de música. Eventualmente yo me convertí en una de sus alumnas. A los seis años me enseñó a tocar piano junto a algo de teoría y solfeo (conocimiento que con el tiempo se borraría de mi memoria). La primera canción que aprendí a tocar, como tod@s, fue el Himno a la Alegría. Mi película predilecta de la infancia fue La novicia rebelde; veía la grabación en Beta que teníamos una y otra vez, y al día de hoy recuerdo todas y cada una de esas canciones con un cariño inmenso. Luego lo dejé, pero seguía enamorada y fascinada por la música: hacía coreografías de Britney Spears y los Backstreet Boys con mis amiguitas, me encerraba en mi cuarto, ponía música e imaginaba que era Avril Lavigne. Me gustaba mucho el R&B, y FanMail de TLC es hasta el día de hoy uno de mis discos favoritos; mi primer CD fue el debut de All Saints, a falta de presupuesto para uno de las Spice Girls. Pasaba tardes enteras viendo MTV y me identificaba mucho con la energía del nu metal; el primer CD pirata que compré fue Issues de Korn. Mientras pasaba el tiempo me inclinaba más hacia el rock, hasta que eventualmente conocí el punk. Mi banda favorita de Venezuela en ese género fue y sigue siendo Reciclaje; solía ir a los toques, acercarme a las ollas sin atreverme a entrar e imprimir artículos sobre el concepto del anarquismo. Allí también conocí a Bikini Kill y el movimiento Riot Grrrl, que fue mi primer encuentro con el feminismo.

A los trece años decidí retomar mi aprendizaje musical y le pedí a mi papá que me enseñara a tocar acordeón. Es uno de los instrumentos más difíciles que he aprendido a tocar. Al mismo tiempo, mi primo me prestó su bajo y me enseñó a tocarlo. Poco tiempo después también me regalarían una guitarra acústica comprada en los chinos, que tenía un sonido muy particular. Paralelo a ello, en una tarde de ocio viendo MTV en el cuarto de mis padres, descubrí a la banda que me cambiaría la vida para siempre: The Mars Volta. De ahí en adelante mi gusto musical se amplió muchísimo y empecé a escuchar a artistas como Björk, PJ Harvey, los Pixies y Daniel Johnston (que con su crudeza lo-fi inspiraría mi primer EP), y me empecé a adentrar en el mundo del indie. En esa misma época empecé a encerrarme en el estudio de mi papá a tocar el piano libremente, ya no interpretando canciones ni haciendo prácticas de digitación, sino tocando lo que me salía en el momento; de esa forma empecé a componer. Con un mp3 que grababa sonido iba registrando esas composiciones; algunas se pueden escuchar en Rösler. Luego descubrí que, si pasaba ese archivo a mi computadora y lo abría en Adobe Audition, con mi micrófono de cibercafé podía grabar voces encima, y empecé a experimentar con eso, al tiempo que también aprendía a usar FL (en ese momento conocido como Fruity Loops). Me divertía mucho haciendo todas esas cosas, y allí empezó a crecer mi persona musical. Por cuestiones de timidez o alienación escribía las letras de mis canciones en inglés; no escribiría en español hasta formar la banda Jóvenes y Sexys.

La Resistance

A mitad de mi adolescencia entré a Oídos Sucios, una proto red social venezolana centrada en los gustos musicales de sus usuarios. Allí conocí a muchísima gente, para bien o para mal. Much@s de ell@s siguen siendo mis amig@s hasta el día de hoy. En el MSN Messenger pasaba todo el día chateando con gente que también hacía música, y entre compartir correos y chats terminé en mi primera banda, basada en el principio de The Postal Service de hacer música a distancia: La Resistance. En La Resistance yo grababa acordeones con mi mp3 y luego Erly Ruiz y Alejandra Ghersi (mejor conocida como Arca, en ese momento Nuuro) manipulaban digitalmente esas grabaciones y les hacían pistas.

Jóvenes y Sexys

Entre tanta gente que conocí en Oídos Sucios estaba Cheky. Compartíamos un gusto muy particular por la música y eventualmente terminamos haciendo una primera banda, La Maestra Ximena, donde tocábamos math rock y post-rock. Después hicimos Jóvenes y Sexys, una banda de pop folk que fue mi entrada al mundo real de la música. Grabamos un EP llamado Bruno, que fue publicado en la disquera indie online Poni Republic. Ese EP nos llevó a tocar a México y Brasil. Ah, porque no les conté: recién cumplidos mis dieciocho años me fui a vivir a México a estudiar fotografía; justo coincidió con el éxito de la banda en dicho país, y fue una época definitoria en mi vida. Gracias a esa banda pude conocer a ídolas de mi infancia como Julieta Venegas y Natalia Lafourcade, quienes disfrutaban de lo que hacíamos y nos vieron tocar. Nuestra banda se hizo popular mayormente por los covers: The Breeders, Javiera Mena e incluso Mystikal o Los Tucanes de Tijuana estaban en nuestro repertorio. En 2011 nos separamos sin haber podido alcanzar todo nuestro potencial.

Loocila

Tras la separación de Jóvenes y Sexys y mi vuelta a Venezuela, volví a componer durante dos años hasta grabar Coclea (lanzado en el 2013), mi primer LP. Ese fue mi comienzo con mi persona artística de 'Loocila'. Venía de la onda folk y ese es el género que predomina en el disco, aunque en un par de temas di mis primeros pasos hacia el rock; también hice canciones con el acordeón, el teclado y el cuatro venezolano en ese disco. Luego lancé Sin miedos y sin esperanzas (lanzado en el 2015), más enfocado en el rock con un par de piezas folk: lo contrario a Coclea. Allí exploré tonos más crudos y salvajes; fue muy influenciado por las artistas y bandas femeninas del alt-rock de los 90, pero también me atreví a hacer música más experimental, como el tema Holy Mountain, inspirado en la película del mismo nombre de Alejandro Jodorowsky, el cual empieza con una bella frase: «You are excrement». En el 2016 me aventuré a la autoproducción (cosa que sigo haciendo hasta el día de hoy), grabando y produciendo por mi cuenta Nuevas Tendencias EP, un trabajo bisagra entre Loocila y mi próximo proyecto: Hilandera. Ahí le subí por completo la intensidad a lo oscuro y también jugué con los loops de voces.

Hilandera

En el 2017, después de casarme e independizarme, me sentía tan poco identificada con lo que fue Loocila y los procesos por los que pasé que decidí cambiar mi nombre artístico a Hilandera. En ese momento solía ir a tatuarme a La ONG (Organización Nelson Garrido), en el estudio de Jimmy Flamante, productor de música electrónica venezolano, y allí, entre el dolor de la máquina y largas conversaciones, conocí más sobre música electrónica. Esto coincidió con que Jimmy estaba vendiendo sus instrumentos para emigrar, y le compré un controlador Arturia (que ya no tengo), un micrófono condensador (el primero que tuve y el que aún tengo) y el MC Groovebox 303, un secuenciador de los años 90. En ese tiempo también aprendí a usar Ableton Live, y de esa experimentación nació Prima Materia EP, más enfocado en la electrónica y tocando temas mucho más introspectivos, cuestionando la naturaleza de la vida humana, como en Máquina, donde comparo al humano y sus actividades con las de un autómata. Más adelante, en la pandemia, hice Musiquiatría 22 EP con una pequeña arpa que consiguieron mis padres y las pistas hechas en el Groovebox; es uno de mis EP más experimentales a la fecha. Lo que hice fue samplear sonidos de composiciones con el arpa y manipularlos en Ableton, dándoles sentido rítmico con las pistas. Las letras de ese EP hablan del delirio en el que entramos en sociedad con la pandemia, entre fregar platos, tener insomnio, pelearnos por internet y hundirnos en la nostalgia. El último trabajo como Hilandera fue Mundos de vida (lanzado en el 2022), un LP. Fue un disco compuesto y grabado enteramente desde el Groovebox, sin usar ningún instrumento externo a él. Conceptualmente está basado en la tirada de tarot de 'El Yo Realizado', creada por Alejandro Jodorowsky en La vía del tarot. Cada canción representa un arcano mayor del tarot y habla de un aspecto de mí misma (cualidades de protagonista o antagonista, la sombra, quienes me acompañan).

Ls Lvndrs

En pandemia también fundé el colectivo artístico 'Ls Lvndrs' (se lee Les Lavanderes). Fue un proyecto para apoyar a artistas mujeres y personas no binarias de Venezuela. Empezó como un grupo de WhatsApp, pero rápidamente se convirtió en una plataforma de difusión y activismo en torno a la actividad en la escena musical venezolana, batallando contra el machismo y creando nuevos espacios para que nuestras voces tuvieran importancia. Difundíamos a través de nuestra plataforma la música de artistas de Venezuela, haciendo playlists y reseñas musicales de los últimos lanzamientos, y redactando y enviando notas de prensa a medios internacionales de forma gratuita. El espacio también sirvió para hacer redes entre artistas que luego hicieron un gran número de colaboraciones entre sí. El proyecto acabó en el año 2023.

Lorena Orlando

En el 2021 decidí usar mi nombre propio para lanzar mi música, y reagrupé y republiqué toda mi discografía bajo el perfil de 'Lorena Orlando'. En esta etapa, mi primer trabajo fue Hacer música es hacer magia (lanzado en el 2024). Este EP lo catalogué como "música express", ya que fue producido y grabado en la app de música BandLab en el transcurso de una semana. Dos años después, en el 2026, lancé ASÍ QUE NO ERA UNA PESADILLA, SIGO VIVIENDO AQUÍ, un EP mucho más inclinado al rock y al math rock; en él hice el intento de escribir sobre la situación actual de Venezuela de forma críptica, aunque por el nombre del disco se darán cuenta de que muy críptica no pude ser.

Después de todo esto que les acabo de contar, tengo 13 monthly listeners en Spotify 🤷‍♀️

estas son algunas de mis cámaras:

Mi primera cámara fotográfica fue una Zenit analógica heredada de mi padre, que disfrutaba de registrar todos los momentos de la familia junto a mi tío, y tiene unas fotos maravillosas de nuestros viajes y momentos especiales. Cuando empecé a tomar fotos con ella, a aprender a cargarle el rollo, y luego vi impresas mis primeras fotografías de unas flores del bosque que quedaba atrás de mi casa, quedé prendada. Me enamoré del poder de capturar y manipular, a través del encuadre, todo lo que estaba a mi alrededor. Poco tiempo después de esas primeras prácticas entré a estudiar el curso de Básico 1 en La ONG (Organización Nelson Garrido), siendo Nelson Garrido, fotógrafo transgresor y rebelde venezolano, mi primer profesor de fotografía. Allí aprendí a revelar mis propias fotografías en el cuarto oscuro, mientras descubría a fotógrafos clásicos como Cartier-Bresson a la par de otros contemporáneos, más innovadores, como David LaChapelle. Desde esa vez nunca dejé de visitar esa escuela hasta el día que cerró; se volvió un segundo hogar. Hice prácticamente todos los cursos que ofrecían, desde Historia de la Fotografía, a Iluminación, al Autorretrato desnudo como tema fotográfico o Cotidianidad y Erotismo, dictado por Gala, la hija de Nelson.

A pesar de que al salir del liceo tuve la suerte de entrar en la Universidad Central de Venezuela en Idiomas Modernos, muy pronto deserté de la carrera para irme a México a estudiar fotografía. Allí pasé por dos institutos: el Ansel Adams y la Escuela Activa de Fotografía en Coyoacán. Debido a mi naturaleza errática e irresponsable durante mis dos años en México, no pude terminar mis estudios allí. Sin embargo, conservo fotos de esa temporada, donde solía retratar a mis amig@s, a las calles de la ciudad cuando me perdía en ellas y los vestigios de vegetación que encontraba.

Desde que empecé a fotografiar me encontraba repitiendo temas, como el retrato, el autorretrato, el hogar, la relación entre lo construido por el ser humano y la naturaleza reaccionando a ello, los detalles que pasan desapercibidos dentro y fuera de la casa. Para ser fotógrafa hay que saber observar. Me di cuenta de que hacía, sin querer, series: grupos de fotos que eran similares temáticamente o tenían algo que las unía estéticamente. Así fui construyendo un cuerpo de trabajo del que solo conservo la parte que hice con cámara analógica, pues la historia de mi vida ha sido la de discos duros externos dañados, una y otra y otra vez. Algunas otras las he podido recuperar de internet y de viejos blogs que solía tener; el resto queda solo en mi memoria.

A mis 16 años empecé 'Un diario', que, como su nombre lo indica, fue un registro de cada día de mi vida constituido por un autorretrato junto a una foto de algo que me rodeaba, el paisaje que tenía en frente o alguien que me acompañaba en ese momento. Estas imágenes resultaron ser reveladoras sobre mis estados de ánimo, incluso mostrando mis síntomas de bipolaridad muchos años antes de que fuera diagnosticada. Mantuve ese diario por un poco más de un año, lo retomé en el 2016 por un corto tiempo y luego en el 2025 de nuevo, por menos tiempo aún. Es el cuerpo de trabajo más constante al que me he dedicado a lo largo de mi vida.

Al volver a Venezuela estudié el diplomado de Técnicas y Artes Fotográficas en AVECOFA, que sí pude terminar y que hasta el día de hoy es mi máximo logro académico. Después seguí haciendo cursos en La ONG hasta que cerró, y en todo ese proceso seguí desarrollando mi trabajo fotográfico, que también formaba parte de todo el material visual de mi carrera musical paralela. Pero no fue hasta la pandemia que hice mis trabajos más concretos hasta el momento, las series que forman parte de mi portafolio actual. Y esto sucedió gracias a los NFTs, donde por un tiempo viví la fantasía de ganarme la vida a través de mi obra fotográfica. A pesar de la mala publicidad que tuvo este mundillo, habíamos artistas reales con propuestas mucho más serias que un mono con una gorra. En esa época hicimos red con personas de todas partes del mundo y muchos pudimos no solo mantenernos económicamente, sino incluso comprar equipos nuevos. Allí nació mi primer estudio fotográfico, que a su vez es un estudio musical, y a su vez un almacén de todo lo que no cabe en otras partes de mi casa, al que llamo Lorenalandia. Con los recursos y el tiempo necesarios pude dedicarme a la fotografía 24/7, pero no como en aquellos momentos de mi joven adultez, cuando trabajaba en un fotoestudio o como asistente de un fotógrafo de bodas, sino explorando al 100% esta práctica como un arte.

Después de todo lo que acabo de contar, mis fotografías nunca han sido tomadas en cuenta para ninguna exposición ni convocatoria artística en Venezuela (a pesar de mis constantes postulaciones). Por lo tanto, hice mi propia exposición… en el metaverso: visita INDIVIRTUAL.

estas son algunas de mis herramientas mágicas:

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